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domingo, 29 de julio de 2012

Carta abierta a Lucía Etxebarría

Estimada señora Etxebarría:


Cuando alguien dice una gilipollez, pues no deja de ser un gilipollas.


Y, si hubiese un premio a la gilipollez, tal vez deberían darle dos estatuillas: Una por gilipollas; y otra por si la pierde.


Y me dirá usted ¿A qué viene esto?


Pues muy sencillo. Por la gilipollez que tuvo la osadía de decir anoche en el programa "El Gran Debate", de Telecinco.


Comparar "esto" con Scarlett Johansson,
sí debería estar reflejado en el código penal
Porque, es evidente, afirmar que la gente con espina bífida "no es derecho a la vida" (sic), es una soberana gilipollez, que solo podría ser  parida por la mente enferma de un ser despreciable (y gilipollas) como usted, cuyo mérito mas loable es el de haberle enseñado las tetas a media humanidad en Facebook, puesto que es de lo poco parido por usted que conocemos... Y eso porque las tetas no se pueden plagiar (bueno, a no ser que sea usted un genio del Photoshop, claro).


Y se lo digo, porque veo que usted no está muy puesta en el tema. Tal vez, debería darse una vuelta por la unidad de enfermos medulares del Hospital Vall D´Hebron de Barcelona y entrevistarse brevemente con cualquiera de sus facultativos, para darse cuanta del grado de gilipollez de su afirmación.


O, mejor, darse una vuelta por la sala de espera de dicha unidad y hablar con afectados y familiares de afectados por espina bífida. Tal vez, debería decirle a una de esas madres que allí esperan, que su hijo no es un caso claro de "derecho a la vida". Y que debería de haber muerto en el hospital porque son unos muertos de hambre.


Tal vez (solo tal vez, viendo su limitada capacidad de raciocinio y su indigencia ética e intelectual), aprendiese algo sobre valores familiares, sentimientos y, porque no, sobre la humanidad de la que usted carece y que, a la gente que lucha por su salud y la de los suyos, les sobra.


Hoy por hoy, doy gracias a Dios cada día porque mi suegra no fuese una progre desarrapada como usted y no decidiese meter a la que hoy es mi mujer en un frasco de formol para su estudio clínico.


Y le puedo garantizar que no es una familia con unas posibilidades económicas desmesuradas.


¿Qué quiere afirmar cuando dice que "Porque Maribel tiene dinero y es una persona excepcional, el niño ha sobrevivido; pero sino fuese así hubiese muerto en el hospital"?¿Acaso afirma usted que a los hijos malformados de los pobres se les deja morir en los hospitales públicos?¿Y si las lesiones no son incompatibles con la vida?¿Qué se hace?¿Se les remata en el paritorio?


¿Acaso mi suegra quiso y cuidó menos a su hija por no ser multimillonaria?


Mida usted bien sus palabras, sra. Etxebarría. Porque una cosa es defender el derecho a abortar de la mujer (en la que, incluso, podríamos estar de acuerdo en ciertos casos y con ciertos matices), y otra muy diferente es hacer apología del holocausto eugenésico, afirmando que una persona con problemas físicos, psíquicos o sensoriales "no es derecho a la vida", la cual es una idea que acerca, sospechosamente, al feminismo con el nazismo y el stalinismo chekista.


¿Usted qué defiende?


¿Que la mujer tenga el derecho a abortar cuando su hijo tenga una malformación?


¿O que la mujer debe de abortar cuando su hijo tenga una malformación?


Un saludo:


Germán Senra

jueves, 12 de julio de 2012

Nosotros, el pueblo

Ayer conocimos los recortes que, no por esperados, son menos dolorosos.




Se sabía: Rajoy iba a sacar la tijera de podar.


Todos lo sabíamos. Incluso antes de las elecciones.


Hoy, muchos, se hacen los sorprendidos. Se inquietan y ven una negra sombra en el horizonte. Les "coge por sorpresa".


Sube el IVA, nuevos impuestos grabarán los hidrocarburos, los funcionarios se quedan sin paga extra de navidad...


A mí es al primero que le duelen estos recortes. Perderé poder adquisitivo, todo costará mas y mi humilde pensión, me temo, se verá congelada en Enero.


Estos recortes me parecen, a todas luces, injustos y lesivos para los ciudadanos.


Pero, por desgracia, también los considero tan injustos y lesivos como necesarios.


La herencia recibida pesa. Y mucho.


Tenemos comprometido en nuestra deuda exterior el 92.1% del PIB. De un superávit del 2.4% en 2007, hemos pasado, en solo cuatro años, a un déficit del 11.4%. -13.8 puntos básicos en sólo cuatro años...


Para los que no entiendan esto, el ejemplo es claro. Es como si un mileurista tuviese que (muchos ya "tienen que") pagar 921€ al mes en préstamos... Y sigue tirando de tarjeta de crédito.


Es lo que tiene la política del gastar a manos llenas...


Estamos en plena recesión y una tasa de paro del 24%. En Diciembre, los parados de este país seremos 6.000.000.


El pago de las pensiones, las nóminas del sector público y las prestaciones, están comprometidas.


España es un país en quiebra...


Hoy, los recortes son tan necesarios como lo eran en 2007. Cuando se negó la crisis...


Cuando no se hizo absolutamente nada...


Cuando todo eran brotes verdes y un tejido financiero modélico, potente... ¡¡ENVIDIABLE!!


Cuando los estados que nos rodean en Europa tomaban, ya por entonces, medidas de ajuste en previsión de lo que se venía encima...


Cuando estábamos en la Champions League de la economía mundial...


Por entonces, se prometió el pleno empleo, la reforma estructural del modelo productivo, bombillas gratis... Una campaña electoral impecable de promesas que, se sabía, no se podrían llegar a hacer realidad. Los que hoy atacan a Rajoy por  su giro del programa electoral, excusaban a aquel que, ya por entonces, ni cumplió lo prometido ni puso remedio al desastre en ciernes.


La crisis (y su negación) sirvió como excusa para no hacer lo necesario para atajarla. Llegó la regresión, el déficit se disparó por no querer hacer, por motivos ideológicos, lo necesario para que hoy no estuviésemos como estamos: Había que gastar más y más... Tirar de tarjeta de crédito en los mercados internacionales.


Y no se hizo nada... NADA DE NADA para parar lo que se nos venía encima.


Hoy, los que atacan las medidas duras, agresivas y regresivas del actual gobierno han olvidado que esto se pudo hacer mucho antes, con sólo un poco de voluntad y capacitación política. Disculpan y aplauden a los que nos han traído hasta aquí. Sin un reproche ni ningún acto de autocrítica... Y con la disculpa de la "sorprendente crisis".


Todo nos coge por sorpresa...


Y, esos ajustes, hubiesen sido mucho más livianos y llevaderos.


Cuanto daño ha hecho en España la demagogia. El separatismo ideológico. El rencor histérico e histórico.


Hoy, esa división nos lleva a la tumba económica.


Y, mientras no seamos conscientes de que hay que dejar a un lado signos políticos, tendencias e ideales de libro adoctrinante; y no seamos capaces de ponernos a remar en la misma dirección, esto no se acabará nunca. La situación es de emergencia nacional. El caldo de cultivo perfecto para los anacronismos anarquistas . Para los radicalismos caducos...


Y, menos mal, que no estamos en los años 40, porque hubiese sido la excusa perfecta para un golpe de Estado.


Gracias a Dios, en eso sí, hemos evolucionado para bien.


La casta política de este país - TODOS - deben de poner freno al enfrentamiento, deben orden y sensatez en el Parlamento y dejar de ser serviles a las ideas y las doctrinas; y ponerse, de una puñetera vez, al servicio de los que realmente importamos:


NOSOTROS, EL PUEBLO.

Violencia callejera

Leo con aflicción y veo con espanto las crónicas y noticias relacionadas con el conflicto de la minería.


Siento enormemente que, entre los heridos, haya víctimas inocentes de las acciones violentas relacionadas con las protestas.

Me parece muy loable por parte de los trabajadores (del gremio que sea) que decidan protestar contra lo que consideran injusto y reclamar lo que consideren oportuno. Siempre que sea desde el respeto a la ley y a la libertad de los demás.
 
Sin embargo, me pregunto yo... ¿Qué debe de hacer la policía ante los violentos mezclados con los manifestantes?

Tras ver el arsenal que se les ha incautado a los detenidos ayer en Madrid, me pregunto si, realmente, todos aquellos demagogos que tachan a las fuerzas de seguridad del Estado de "asesinos" y "psicópatas" están en sus cabales.

No seré yo (Dios me libre) de ser el que afirme que toda esta basura violenta tiene algo que ver con los mineros, que quede claro.

De la misma manera, condeno firmemente los hechos violentos de estos días de atrás que, estos sí, han sido provocados por la idea marchita y caduca de que los derechos se exigen con barricadas, fuego y capuchas. Como en los años 30...

¿Acaso debería de pensar lo contrario? ¿Acaso debería de fiarme del talante pacífico y dialogante de un individuo que sale con un lanzacohetes y un pasamontañas de casa?

Quisiera pensar que no todos los mineros son así.

Quisiera pensarlo...

Pero también entiendo que, si alguien la lía a mamporros, quema contenedores de basura y hace de la calle un campo de batalla en una manifestación, sea detenido, incluso, con el uso de la fuerza en caso de ser necesario. Y apoyo totalmente la decisión de que, en estos casos, sea aplicada la ley antiterrorista.

Y entiendo perfectamente a todos aquellos que se apenan e indignan con la imagen de una niña con un impacto de una pelota de goma. Entiendo esa pena e indignación y la comparto.

Pero hay que entender que, ante tamaña explosión de violencia, la policía actúe con contundencia.

16 de los 18 detenidos de ayer no pertenecían al mundo minero. La mayoría tenían, ya, antecedentes por hechos similares.

Como ciudadano y como demócrata, condeno firmemente los hechos acaecidos. Pero con esa misma conciencia democrática, apoyo firmemente a la policía en su actuación para detener y poner ante los jueces a toda esta chusma que, parapetándose de manera cobarde y ruin tras los hijos de los trabajadores que libremente defienden lo que creen que es suyo, aprovechan la aglomeración para perpetrar sus fechorías.

Si yo hoy fuese el padre de esta niña, estaría muy enfadado, sí.

Pero no con el policía que disparó esa pelota de goma, sino con los hijos de puta que, para poder destacar y dar rienda suelta a sus instintos asesinos y violentos, usan a los trabajadores y sus familias (manifestación sí, manifestación también) como escudos humanos tras sus fechorías.

Y, a los sindicalistas, os digo: ¿De verdad queréis que sean estos elementos anarco-radicales los que os ayuden a defender los derechos de los trabajadores? ¿Son éstos, los elementos que darán credibilidad a vuestras protestas y propuestas? 

¿De verdad esta es la sociedad que queremos?

Depuren ustedes, señores representantes de la clase trabajadora, a los asistentes a las manifestaciones y condenen sus actos.

lunes, 2 de julio de 2012

De lo políticamente correcto

Si hay algo que me mata de la idiosincrasia de este país, es la doble moral y la dictadura de lo "políticamente correcto" que impera en la sociedad española.

Esta dictadura coarta nuestra libertad de expresión y pensamiento. Nos pliega (o mas bien lo intenta) al pensamiento único. Nos censura nuestra verdadera esencia.

España no es un país libre. No es democrático.

Yo quisiera vivir en una España plural, en la que si critico las ideas nacionalistas, no fuera tachado de fascista mientras ellos imponen "democráticamente" sus ideales. En una España en la que, si exhibo los símbolos nacionales que deberían unir a la patria, no fuese considerado como un gesto ni peyorativo, ni de disensión, ni de odio.

Yo quisiera una España en la que unos pocos buitres amargados atrincherados tras un teclado en sus sofás, no me dieran lecciones de moral y ética mientras pretenden hacerme culpable de todos los males que asolan al país por el mero hecho de participar en las celebraciones de un acontecimiento histórico deportivo. No conseguiréis, necios demagogos, que me sienta culpable de que el bosque arda ni de que la prima de riesgo suba por cantar y celebrar los goles de la selección nacional española.

No lo conseguiréis, malditos progres burgueses.

No quiero vivir en una España en la que la ideologización de la vida cotidiana llegue al extremo de no poder criticar un trabajo mal hecho, solo en función del sexo y el uso de la sexualidad que hacen algunos "profesionales" del periodismo. No quiero que se me llame machista por declarar mi opinión sobre la profesionalidad de ninguna mujer. Ni quiero que se me llame homófobo cuando afirmo que los derechos del colectivo homosexual, están mal defendidos por ellos mismos.

No quiero vivir en una España en la que no soy libre de defender los derechos de los españoles por delante de los extranjeros. Ni en una España en la que ser un inmigrante ilegal sea un valor añadido para su bienestar, a costa del malestar silencioso de muchos acobardados que, al dictado de lo "políticamente correcto", no protestan ni alzan su voz, para defender los derechos de los que sí hemos luchado durante años por la grandeza de este país. Ni los derechos de sus generaciones venideras.

Quiero una sociedad en la que nuestra selección nacional de cualquier deporte no sea "la roja", sino España. 

Quiero una España en la que las banderas autonómicas puedan ser exhibidas como símbolo de concordia y no de enfrentamiento. Que todos podamos defender y amar nuestra esencia local como nexo de unión de un proyecto común. No quiero que los políticos nacionalistas gobiernen sólo para sus votantes. Ni que censuren y silencien, por la fuerza, el sentimiento español de muchos que no les han votado, mientras se autodenominan demócratas.

Quiero una España en la que dictadura de lo "políticamente correcto" no coarte mi libertad religiosa ni moral. Un país en el que se respeten las creencias de todos, sean cuales sean. Una nación en la que aconfesional y laico no signifique anticatólico; ni en la que ser musulmán sea un plus ni un salvoconducto hacia la inmunidad.

No quiero que adoctrinen a nuestras generaciones futuras en el dogma de lo políticamente correcto. Ni que les nieguen su derecho a conocer la historia de España ocultándoles de manera sibilina la historia de nuestras gentes, nuestras raíces y de nuestras costumbres. Ni quiero que se les coarte su derecho a aprender la lengua y la leyenda nacional que une a todos los españoles.

No quiero que sólo cuente el que rema a favor de la corriente de opinión generalizada. Quiero ser libre de ejercer mi derecho a la crítica y de que, por ello, no se me aparte de la sociedad "políticamente correcta" como a un apestado. 

No quiero que silencien mis ideas.