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lunes, 12 de marzo de 2012

Pánico

Tras el fracaso de las convocatorias del 11M, la izquierda debería, muy mucho, replantearse su estrategia política





Aún no han pasado ni 100 días de la toma de posesión de Mariano Rajoy y del ascenso democrático al poder del PP y los primeros síntomas del histórico acoso y derribo al que se le somete desde la izquierda empiezan a brotar.

De todos es bien sabido que la derecha española nunca se ha caracterizado por saber hacer marketing de sus ideas. Basan todo en sus hechos y, aunque se ha demostrado que tienen una capacidad infinitamente superior para gobernar, parece que sufra de un complejo de "facherío" ante la izquierda que, a veces, puede ser irritante.

Bien haría Mariano Rajoy en hacerse con los servicios de algún buen profesional de la comunicación que acercase al PP a la ciudadanía y rompiese el monoplio de la desinformación y la incultura que hay en este país, que está en manos del PSOE.

Como ya dije en otros artículos, la derecha española debe de sentirse orgullosa de ser mucho más progresista que la propia izquierda. Ha sabido avanzar con los tiempos, conviertiéndose, desde su re-fundación por José María Aznar, en un partido moderno, con proyección y sobradamente preparado para gobernar.

Ciertamente, el PP se ha convertido, para bien o para mal (según desde el prisma de la realidad que cada uno maneje), en el único partido que aglutina el sentimiento nacional de amor a la patria y del bien común. De ahí sus vuelcos electorales cuando viene mal dadas, porque es el único partido que puede aglutinar el sentimiento de que hay que tirar del carro todos juntos. Hasta los votantes de la izquierda lo saben.

Y debería de aprovechar ese tirón de partido nacional, serio y responsable para acercarse a la gente y a la cultura (de la que la izquierda se cree poseedora absoluta, como si no hubiese grandes pensadores de derechas).

Al contrario que el PSOE, que se siente tan cómodo en su papel de dedo acusador que hasta cuando  gobiernan hacen oposición, el PP ha dado un paso adelante para sacarnos de la crisis. Los españoles y españolas (no se me vayan a enfadar las feministas), les dimos nuestro voto mayoritario con la esperanza de que Mariano Rajoy cumpliese sus promesas electorales e iniciara una profunda reforma de la sociedad española, tan urgente como necesaria. Sabíamos que estas reformas llegarían y, a algunos, nos parecen, todavía, insuficientes.

La reforma laboral se antoja como, tan sólo, un primer paso hacia un futuro más estable. Una legislación que nos equipara con nuestros vecinos europeos, como esta, debería de enorgullecernos. Y, sin ser ni de lejos una reforma tan profunda como la que se produjo en Alemania de la mano de los propios sindicatos y la derecha de Angela Merkel, se antoja como la base sobre la que cimentar la reacción necesaria de nuestro país ante la adversidad.

Espero que pronto lleguen las reformas estructurales sobre el modelo productivo, la ley de transparencia, la eliminación de la liquidación del IVA hasta su cobro y los pagos pendientes del sector público a las pymes y autónomos.

¿Acaso eso no es proteger el empleo? ¿Acaso el dinero no debe de estar en manos del tejido empresarial productivo de este país? Los sindicatos de clase deberían ser conscientes de que, también, el empresario debe de ser protegido, al igual que el trabajador. Sin el tejido empresarial no hay empleo ni recuperación económica posible. El empresario, no es el enemigo. Es el compañero de viaje necesario para la creación de empleo y riqueza.

¿Acaso conocemos alguna empresa que pueda funcionar sin sus trabajadores?

No entiendo ese miedo a los despidos cuando en este país hay 5.400.000 personas que no pueden ser despedidas y de los que, ni aún ahora, los sindicatos se preocupan.

Entre la izquierda española se está extendiendo un tsunami de pánico ante lo que puede venir. Pero no ante las adversidades sociales, sino ante el posible triunfo del PP en las elecciones andaluzas y el éxito, una vez más, de sus políticas económicas.

Ese posible éxito pondría al socialismo español al borde del abismo más oscuro, preparado para autofagocitarse y ser defecado por el más infame sumidero de la historia. El PSOE se está destruyendo a sí mismo en unos ideales más propios de los años 20 que de la modernidad del siglo XXI; dejando como exponente de la izquierda alternativa a la UPyD de Rosa Díez, que espera, frotándose las manos, con la caña bien cebada para pescar en el río revuelto de la izquierda moderada descontenta y desilusionada con el PSOE y que no está dispuesta a alinearse con aquellos que ven como alternativa el incendio de las calles.

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