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martes, 7 de febrero de 2012

Viejas heridas

El caso Garzón permite a la izquierda española reabrir las heridas de la guerra civil e incendiar los ánimos de los grupos antisistema.


Han pasado ya muchos años desde que se escuchó el primer disparo entre hermanos en España. Demasiados, diría yo, para que ahora sea usado como arma electoralista e ideológica de la izquierda española.

Ideologizar un proceso judicial es lo mas ruin que se puede hacer en democracia. Y mas con la demagogia barata, solo creíble por analfabetos, desinformados históricos y lo más hediondo de la radicalidad de izquierdas, de que a Garzón se le juzga por haberse metido con el franquismo.

Porque, desde luego, es incomprensible que alguien se puede creer y acoger a un planteamiento tan burdo e intelectualmente pobre como las fechorías de Franco para defender unas, al menos en mi opinión, fechorías "garzonianas" que no tienen nada que ver.

Pregonar a los cuatro vientos que a Baltasar Garzón se le juzga por investigar los crímenes del franquismo, no es que sea inexacto. Es, directamente, mentira.

¿Qué hubiesen dicho si, en vez de por estas acusaciones, al juez Garzón se le estuviese juzgando por haberse saltado el límite de velocidad en una autopista?¿Hubiesen esgrimido el argumento de que la Guardia Civil saca lo más rastrero de su reminiscencia franquista para acusar al noble letrado?¿Que Garzón era juzgado por una conjura judeomasónica de Audi por no tener limitada la velocidad de sus coches a 120?

A Garzón se le juzga por sus errores procesales, por haber recibido dinero de aquellos a los que estaba instruyendo; con membrete de una sala de lo penal de la Audiencia Nacional; y por haber dedicado fondos económicos públicos en la investigación de unos hechos para los que no era competente.

Reunión de los llamados "Pactos de la Moncloa", 1977
En 1977, nuestros padres y abuelos decidieron cerrar heridas y terminar con una hemorragia que duraba ya  demasiado tiempo. La ley de Amnistía aprobada entonces, promulgaba suturar viejas heridas y todos (de todas las ideologías) estuvieron de acuerdo en mirar al futuro dejando atrás un pasado que, sin dejar de ser doloroso para muchos, lastraba en demasía el necesario proceso democratizador de España. Así lo decidieron los políticos de la época en los pactos de la Moncloa.

En mi opinión, fue un error histórico el no haber procesado, en aquel entonces, a todo aquellos responsables de crímenes durante la dictadura. Y tampoco hubiese sido descabellado haber despojado, en ese momento, de sus bienes a todos aquellos que se enriquecieron a costa de la represión salvaje de la época del Caudillo para reparar, en lo posible, a todos aquellos que fueron dura e injustamente represaliados.

En ese argumento, estoy muy de acuerdo con el juez Garzón y su caterva de discípulos.

Pero también lo fue no haber procesado a aquellos que los perpetraron en la época de la República. Y de ello se ocupó el propio Garzón dando carpetazo a la investigación sobre el exterminio de Paracuellos del Jarama, cuando algunos de sus tristes presuntos protagonistas siguen con vida, esgrimiendo para ello la Ley de Amnistía de 1977 que, justa o injustamente (y le guste o no a Garzón o Willy Toledo), también ampara a los criminales franquistas.

La Ley de memoria histórica de Zapatero vino, no a reparar ese pasado truculento, sino a reabrir esas viejas heridas, y a revivir muchos pasajes históricos que deberían haber quedado, ya, en el pasado (no en el olvido), tal y como decidieron en su momento nuestros padres y abuelos, verdaderos protagonistas de tan triste historia.

Buscar las fosas comunes para que los de hoy puedan honrar a los de ayer, es una idea noble y loable.

Pero remover los sentimientos de la gente para enfrentarla, se antoja, como mínimo, peligroso. Sobre todo cuando por ahí, en nuestras calles, pululan unos cuantos que esperan cualquier excusa para aterrar al resto de la ciudadanía con sus fechorías.

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