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martes, 14 de febrero de 2012

Medidas prácticas

La reforma laboral aprobada por el Gobierno reactiva el espíritu combativo de las centrales sindicales





Los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, han rechazado de plano la nueva ley para la reforma del mercado de trabajo del Gobierno de presidido por Mariano Rajoy.

Su argumento, parece que el único, es el abaratamiento del despido, sin tener en cuenta otros aspectos de la ley que parece, a tenor de su silencio sobre ellos, sí son de su agrado.

Fundamentar una protesta en el vil metal me parece, cuanto menos, excesivo.

En un país en el que hay 5,5 millones de parados, el encarecimiento del despido no parece haber sido una traba suficiente para la destrucción masiva de empleo. Es mas, la imposibilidad de muchas pequeñas empresas de flexibilizar sus relaciones laborales con los empleados en el encorsetamiento de los convenios colectivos, han conllevado en muchos casos, no el despido de estos últimos, sino, directamente, la desaparición de la empresa, con la consiguiente pérdida del 100% de esos puestos de trabajo.

La principal causa del dramático aumento del paro, no viene dado por su encarecimiento o su abaratamiento, sino por una política ruinosa que nos ha llevado a una tasa negativa de crecimiento prevista para 2012 de entre un 1,5 y un 1,7 %, según la fuente a la que se consulte.

Ese, y no otro, es el gran lastre del empleo. Y debería ser el objetivo principal a corto plazo del Gobierno: el crecimiento económico.

Lo demás, en realidad, son en cierto modo formulismos que no salvan puestos de trabajo. Los destruyen.

Muchos, entre los que me encuentro, no vemos en la reforma del mercado laboral propuesta por el ejecutivo de Rajoy, una pérdida de derechos de los trabajadores tan radical como se quiere hacer ver desde los sindicatos.

Por lo menos a priori, porque el principal derecho del trabajador es tener un puesto de trabajo.

Por ello algunos no estamos por la labor de una protesta masiva, y más en los tiempos que corren en los que la productividad y venta de las empresas es baja y cada minuto de "absentismo huelgueril" cae como una losa sobre el maltrecho tejido empresarial español.

Estamos porque se dejen aplicar las reformas y ver qué pasa. Si funcionan, si no funcionan, si hay que reformar lo ya reformado...

También estamos por la labor de ser realistas y todos debemos ser conscientes de que a esta Reforma del mercado laboral hay cosas que sobran, otras que faltan y  que habría que pulir con diálogo social, implicando a todas las partes en él: Gobierno, sindicatos, oposición, patronal, autónomos... Sin banderas, sin siglas ni convicciones ideológicas.

Hay cierta beligerancia de los partidos de oposición y de los sindicatos ante la reforma.

Incluso aunque fuese de su pleno agrado, debe haber cierta beligerancia para salvar los muebles ante sus bases y su masa votante. Es normal y, hasta cierto punto, comprensible.

Pero tras esa beligerancia inicial, hay que darse cuenta que ahora no es el momento del "y tú mas" o del "tú tuviste la culpa". Hay que saber cual es el momento de relajar el tono. Todos. Y, cuando se relaje ese tono, pasar a la acción. Todos.

Es el momento de, ahora sí, remar todos en la misma dirección para sacar del sumidero económico en el que nos encontramos en nuestro país.

Ni el incendio de las calles, ni la protesta social ni el empecinamiento de unos y otros nos va a sacar de la crisis.

Es hora de ver si este nuevo Gobierno tiene el talante necesario para conversar. Hora de que los sindicatos demuestren que realmente sirven para algo y son capaces de aportar vías de solución viables. Hora de que los grandes  empresarios se quiten la chistera y el puro, bajen a pie de calle y también se sienten a conversar con una idea muchos mas solidaria y realista de lo que debería ser su relación con el obrero. Hora de que la oposición de hoy, haga lo que tanto le reclamaba a la oposición pasada: Arrimar el hombro y proponer medidas que, junto con las de otros, nos saquen de la crisis.

Es hora de que las medidas a adoptar no sean ni "de izquierdas" ni "de derechas".

No necesitamos medidas ideológicas.

Necesitamos medidas prácticas.

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