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jueves, 23 de febrero de 2012

La democracia por bandera

El estado de crispación general generado desde la izquierda, convierte las calles en un campo de batalla.


¿Jóvenes? estudiantes dialogan, pacificamente, con un agente de policía



Francisco Largo Caballero
Desde los tiempos de Pablo Iglesias o Largo Caballero, el socialismo español ha sido, básicamente, antidemocrático y beligerante.

“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”. Largo Caballero, 20 de Enero de 1936. Mitin del PSOE en Linares.

“Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos". Largo Caballero en El Socialista, Noviembre de 1933.

Pablo Iglesias, fundador del PSOE y UGT

Casi 80 años después, la actitud del socialismo español no ha cambiado en absoluto.

Su doctrina de cabecera le lleva a ver como una anomalía que el pueblo le de la alternancia de poder a la derecha, tal y como dijo Pablo Iglesias:

"Este partido (el PSOE) está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones" (Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados del 5 de Mayo de 1910).",

Ahora la radicalidad izquierdista sale a la calle a poner en marcha esas doctrinas trasnochadas.

Menos de 60 días han bastado para que los enfrentamientos hayan empezado. 7 años de adoctrinamiento en las aulas con la tristemente famosa "Educación para la ciudadanía" han bastado para que en nuestros hijos haya calado el discurso guerracivilista de lo mas reaccionario de la izquierda española; o la basura ideológica de Compromís que, no solo les agita y manipula para enviarlos a llevarse los coscorrones que ellos no tienen cojones a recibir mientras miran desde la barrera de manera cobarde, sino que les da cobijo virtual en sus servidores para esparcir cuanta mas mierda, mejor y, luego, les niegan como san Pedro a Jesucristo dejándoles a los pies de los caballos.

Así de pusilánimes son.

Panfleto repartido en las manifestaciones de Valencia del
20 de febrero de 2012
La supuesta progresía de este país no soporta la idea de que la derecha "ultraconservadora" haya sabido avanzar con los tiempos y se haya convertido en una ideología moderna, acorde con el siglo y el tiempo en el que vivimos, capaz de tomar decisiones en base a su preparación y valiente de cara al futuro; mientras ellos se han quedado anclados en  el 36, deseando movilizar (una vez más) a las masas más reaccionarias para provocar una nueva guerra civil, con la esperanza de, esta sí, ganarla y poder tomar cumplida venganza de los horrores de una etapa de nuestra historia que debería estar muy muy lejos en el tiempo cuya influencia ideológica es, a día de hoy y de manera contraria a sus ideales, simplemente inexistente.


Quieren someternos por la fuerza a un régimen obsoleto. Un régimen que sólo ha traído violencia y genocidio a la humanidad. Un régimen que sólo subsiste en países que son de todo menos modernos, democráticos y respetuosos con los derechos humanos.


Siguen a líderes que predican la palabra de la igualdad y el reparto de la riqueza mientras sus cuentas corrientes rebosan dinero. Predican la tolerancia y envían a nuestros jóvenes a las calles a luchar una guerra en la que ellos no quieren mancharse las manos de sangre sentados en sus poltronas. Defienden la enseñanza pública mientras sus hijos estudian en los más exclusivos y caros colegios privados y nos sermonean sobre la lucha obrera con un reloj de lujo colgado en sus muñecas.




Quieren que la derecha sea lo que ellos quieren que sea. Una ideología violenta a la que responder con más violencia y beligerancia. Un escudo en el que parapetarse para poder disculpar su agresividad y su victimismo histórico.  Un enemigo contra el que descargar toda su ira y su frustración provocada por su inmovilismo y su ineficacia a la hora de gobernar. Una derecha a la que poder llamar fascista por sus hechos y no por sus propias convicciones anticuadas. Un contrincante con puño de hierro al que poder contestar con la sanguinidad de las hoces y los martillos.


Esa es la derecha que ellos quisieran.


Pero se han encontrado con una derecha dialogante, moderna, valiente ante la adversidad y, paradójicamente (e increiblemente) para ellos, mucho más progresista de lo que ellos mismos querrían ser.


Se han encontrado que, enfrente, estamos los auténticos demócratas. Los que creemos en las urnas y en la alternancia. Los que queremos la paz social y estamos frente al terrorismo con las armas del Estado de Derecho. Los que no nos rendimos ante la barbarie terrorista. Los que defendemos que el poder está en el pueblo de forma civilizada. Los que hemos aguantado estoicamente la oportunidad de dar un giro a esta Nación, pese a los desastres provocados por sus lideres políticos. Los que estamos frente a los últimos reductos dictatoriales y condenamos la barbarie castrista, chavista o coreana.


Sin un atisbo de violencia ni de agresividad.


Con la democracia por bandera.

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