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martes, 3 de enero de 2012

Público y el contador de nubes

Ha sido empezar a contar nubes, y el infame incompetente ya ha comenzado a llevarse por delante a muchos de aquellos que le han adulado y encumbrado hasta el nivel de la beatificación social(ista); la mayoría, hacinados en el avispero ideológico de Público.

La noticia de la solicitud de concurso voluntario de acreedores de Público, a pesar del buenismo de algunos que "lamentan" su situación (algunos con la copa de cava en la mano), es una gran noticia para la libertad de este país.

Que el máximo exponente de la propaganda prozapateril haya fracasado, a la par del fracaso de su gurú ideológico y toda su panda de adláteres socialistas y socialistos, es el reflejo del fracaso del modelo demagógico y dogmático de este socialismo rancio que, ahora sí más que nunca, debe de reinventarse si no quiere irse por el sumidero de la historia.

El fracaso de Público es el fracaso de la izquierda radical que ha cargado contra todos aquellos que se les han puesto ideológicamente delante con las armas del insulto, la descalificación y la petición de censura y cierre.

Público ha recibido una buena ración de su propia medicina. Cierra aquel que, de manera hipócrita, ha solicitado una y mil veces el cierre y la censura de Intereconomía por su línea editorial y el escarnio público de Federico Jiménez Losantos por decir lo que piensa sin tapujos y sin medias tintas. 



Cierra el azote de la corrupción ajena a sus ideales, el azote de la Casa Real... El adalid del aborto, del anticlericlarismo, de la negociación con los asesinos, de la resurección de los viejos fantasmas del franquismo...

Que Público se haya autoerigido en adalid de la libertad de expresión es un insulto hacia la inteligencia del pueblo. Ni siquiera su sectarismo ha garantizado su viabilidad.




Es curioso que el director del mencionado diario, hable en su editorial de hoy de éxito ideológico y de posicionamiento como referencia de la progresía editorial de este país, para disculparse, al igual que a uno que ya conocemos, en elementos externos y en la crisis para justificar el próximo cierre de tan bendita publicación.

No consigo entender que, ante tamaña atención por parte de sus lectores, el periódico no sea económicamente viable. 

Vamos, sr. Maraña, que no todo era tan cojonudo... ¿no?

Yo me alegraría del cierre del diario Público como castigo a su sectarismo, su hipocresía y su defensa de lo indefendible en base a las mentiras y divagaciones esquizofrénicas de sus gurús intelectuales.

Que gente como Ignacio Escolar, el gran Wyoming, Joaquín Sabina, Arturo González o Marta Nebot se queden sin medio en el que vomitar toda su diarrea intelectual, es una buena noticia para la libertad en este bendito país.

Sin duda, una muy buena noticia.



Si hay gente por la que me apena el cierre de una empresa es por aquella que, ajena a las lineas editoriales, conseguían llevar un mendrugo de pan a su casa imprimiendo y maquetando la basura ideológica y dialéctica de los defensores del zapaterismo; o limpiando los despachos de aquellos que han llevado, con su apoyo, a la ruina a este país. Para todos ellos, para los curritos de a pie, mi más profundo sentimiento de solidaridad.

Para todos aquellos que, con vuestra intolerancia, vuestro sectarismo, vuestras mentiras y vuestra voluntad demagógica, habéis conseguido la división de España, el enfrentamiento del pueblo y el sostenimiento dogmático de un sistema fracasado, mi más absoluta repulsa.

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