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lunes, 16 de enero de 2012

Ata sempre, D. Manuel.

Con la muerte de D. Manuel Fraga Iribarne, se va un pedazo importante de la historia de España.

D. Manuel tuvo la mala suerte de nacer 40 años antes de lo que le tocaba. Aunque ocupó varias carteras ministeriales con Franco, siempre fue un demócrata convencido y lo demostró en plena transición, siendo el político clave y el gran ideólogo de la Constitución que hoy nos ampara.

Su carácter agrio, casi de abuelo cascarrabias, nunca le dio ese plus que algunos llaman "talante" o "carisma", para haber ocupado una presidencia del gobierno para la que estaba más que sobradamente preparado.

El tiempo nos ha demostrado que no sólo de talante debe vivir el político.

Y es que, D. Manuel, en general, no caía bien. Pero fue uno de los más brillantes políticos de su generación. Muy por encima de la media.

Con él llegó la modernidad a Galicia. Llevó servicios tan básicos como la electricidad, el agua corriente y el teléfono a lo mas profundo de la Galicia rural, ya en los estertores del siglo XX. Preparó a Galicia para su entrada en el siglo XXI cuando, todavía, estaba en una época casi feudal.

En 15 años, Galicia avanzó más social, política y económicamente que nunca y se dio a conocer en el mundo gracias al apoyo de la Xunta de aquellos años a eventos como el Xacobeo y a las campañas de promoción turística que se hicieron, con el apoyo de las Casas de Galicia de todo el planeta.

Invirtió no pocos esfuerzos en la potenciación del uso del gallego e hizo una gran defensa de la cultura autóctona sin, por ello, pretender alejar a Galicia de España. Todo lo contrario. Él, que había sido ministro del Generalísimo, que se olvidó de su tierra 40 años, llevó a Galicia a ser la comunidad solidaria, moderna y tolerante que es hoy.

D. Manuel fue un gran gallego y un gran español.

De su mano llegó la gran reforma de la derecha española. Borró de un plumazo, toda semilla antidemócrata que quedaba en la extinta Alianza Popular para fundar el que hoy es el gran partido nacional español. Un partido en el que caben el amor a España y al terruño por igual.

Sin excesos ni extremismos.

El hueco que deja D. Manuel en la vida política no será ocupado nunca por nadie. Con él, se va el último gran estadista español.

Se ha ido el último y genuino político incorruptible. El último de una raza que se ha dejado la vida y la salud por servir a los demás.

Descanse en paz,  D. Manuel.

Ben merecido que o ten.


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