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lunes, 21 de noviembre de 2011

El legado del infame incompetente


Hace menos de 24 horas que todo terminó para el zapaterismo. Debería ser un día feliz. Nos hemos desembarazado, sino legalmente, sí formalmente de el gran parásito social de la historia de España.


Un ser al que muy pocos echarán de menos. Un ente de mente privilegiada y entendederas cortas que ha llevado a España al mayor nivel de ruina moral y económica de su historia reciente. Un individuo al que todos recordaremos por ser el mayor demagogo de la democracia. El ser que llegó al poder por la sangre de 192 compatriotas vilmente masacrados en un día que se presumía normal.

Maldito 11 de Marzo...

Nos deja un país adoctrinado e ideologizado en el más rancio de los sentimientos que puede sentir el ser humano. El rencor, el separatismo, la crispación... Han sido la seña de identidad del tonto de León.

Nos deja un país 3,5 millones de parados más pobre, con las pensiones congeladas y  los derechos sociales recortados.

Nos deja una Nación dividida en dos Españas que habían muerto con la transición. Abrió viejas heridas y hurgó con cruel vileza en lo más profundo del resentimiento que debió quedar aparcado con la muerte del dictador. Dos Españas que han revivido, de su mano y de manera subvencionada, la época más cafre de nuestra historia en la que nuestros abuelos se mataban por unas ideas que, por trasnochadas y rancias, deberían haber quedado muy lejos en nuestra memoria colectiva y que no deberían de enfrentarnos en pleno siglo XXI.

Nos deja un legado político infame. Un PSOE debilitado lleno de trepas insidiosos cuya arma política es el mensaje del miedo y que apelan a los sentimientos más bajos salidos del hígado más sangrante, para medrar en su carrera política. Un grupo de necios, mentecatos e incompetentes mezquinos, cuyo interés personal siempre está por encima de los intereses del pueblo al que deben de servir.

Un PSOE destruido en sus cimientos. Un PSOE aborregado en su base y que ha perdido el sentido práctico del buen gobierno. Un PSOE en manos de aquellos que lo han hundido con su mala praxis. Un PSOE falto de ideas de gobierno pero con un inmoral sentimiento doctrinal extremo. Un PSOE enfrentado y lleno de "mimitos" afilados como dagas. Nos deja un PSOE en el que sus votantes y simpatizantes, a pesar de la humillación del 20N, no son capaces de ver la viga en su propio ojo y se fijan más en la paja del ojo ajeno.


Za patero deja un PSOE muerto por sus propia mano.


Nos deja una sociedad en la que los proetarras están en las instituciones. Una sociedad rendida a los pies del terrorismo como arma electoral; en la que los verdugos son simples víctimas y las víctimas son nada. Una sociedad en la que los "demócratas" comparten mesa y mantel con los asesinos de la Patria e igualan el estatus de víctimas y asesinos.


Nos lega una España en la que aquellos que se dicen a sí mismos antifascistas, no toleran con que algunos podamos pensar en que una España mejor es posible y que nos quieren imponer, a fuerza de ocupaciones, adoctrinamiento y laicismo, una idea de modelo de estado que, a muchos, no nos gusta.

Nos deja un período de agitación social de indignación extrema (izquierda), canalizada por ellos mismos hacia la derrota del rival político. El tejemaneje y la improvisación como forma de gobierno y un cierto halo de suciedad en el desempeño de sus cargos, ha degenerado en una incomprensible ola de necia ignorancia teledirigida en la que, hasta los que preveíamos inteligentes, han caido. Hasta los más listos pueden ser tontos útiles al servicio de las ideas más trasnochadas.



Nos lega una España en la que la gente pide una nueva forma de "democracia" y sale a la calle a luchar por ella cuando le han visto las orejas al lobo del desastre legislativo del gobernante de turno, al que no pueden echar la culpa del desastre por afinidad ideológica.

Nos deja una España puesta a los pies de los caballos europeos. Una España en la que los brotes verdes, ni eran brotes, ni mucho menos verdes. Una España al que se llama fascista a quien la ama. Una España en la que el que avisa de la adversidad es un antipatriota y en la que el término facha se utiliza con inusitada facilidad para descalificar todo aquello que no está bajo las alas de la izquierda más rancia desde la época de Largo Caballero.

Una democracia, posiblemente imperfecta, por la que nuestros padres lucharon con denuedo para que todos fuesemos iguales sin redes sociales ni wikipedia.

Una democracia por la que muchos de nuestros antepasados derramaron su sangre, debe de ser una democracia a la que respetar.

Esta es la infamia del legado de un incompetente

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